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La popular tendencia de la "sobriedad californiana" —adoptada por celebridades y círculos de bienestar, que consiste en reemplazar el alcohol por el cannabis— ha dejado de ser solo una moda para convertirse en un objeto de estudio científico. Un ensayo aleatorizado y controlado con placebo, realizado por la Universidad de Brown en Estados Unidos y publicado en el American Journal of Psychiatry, ha investigado la relación causal entre el consumo de cannabis y la reducción en la ingesta de alcohol.

El estudio, a diferencia de investigaciones previas basadas únicamente en encuestas, se centró en medir la causalidad directa. Se trabajó con 157 adultos, consumidores de alcohol en exceso y de cannabis de forma habitual. Durante las sesiones controladas en laboratorio, a los participantes se les administró cannabis con dosis bajas o altas de THC (3,1% y 7,2%) o un placebo.

Los resultados fueron reveladores:

  1. Reducción Inmediata: Los participantes que fumaron cannabis con THC consumieron significativamente menos alcohol que aquellos que recibieron el placebo. Específicamente, la dosis más alta de THC (7,2%) resultó en una reducción del consumo de alcohol de aproximadamente un 27%.
  2. Menos Deseo y Demora: Tras el consumo de cannabis, los participantes reportaron menos ganas de beber en el momento. Además, la dosis alta de THC retrasó de manera significativa el tiempo que tardaron en dar el primer sorbo, demostrando un efecto de sustitución o postergación del consumo.

La Dra. Jane Metrik, profesora de la Universidad de Brown, señaló que los hallazgos "coincidieron con la idea del efecto de sustitución popularizada por la tendencia de la sobriedad en California", observando lo contrario a que el cannabis aumentara las ansias de consumir alcohol. Este hallazgo abre una puerta crucial para el desarrollo de estrategias de reducción de daños.

Sin embargo, los investigadores mantienen una postura cautelosa. Advierten que estos resultados no implican una recomendación inmediata del cannabis como sustituto terapéutico para el Trastorno por Consumo de Alcohol (TCA), destacando que el cannabis también puede generar dependencia. Además, se necesitan más estudios para evaluar si esta reducción se mantendría en entornos sociales del "mundo real" y con la alta potencia que caracteriza al cannabis actual.

La Crítica Necesaria a la Prohibición

La ciencia demuestra, una vez más, que una sustancia prohibida por el Estado tiene el potencial de mitigar el consumo de una droga legalizada (el alcohol) responsable de millones de muertes y enfermedades en el mundo. La evidencia de un efecto de sustitución plantea una crítica demoledora a las políticas que penalizan el acceso al cannabis y, simultáneamente, sostienen el monopolio de las sustancias más dañinas para la salud pública. La criminalización del cannabis es, indirectamente, un obstáculo para estrategias efectivas de salud pública basadas en la reducción de daños. La ley debe evolucionar para facilitar que los consumidores accedan a opciones menos perjudiciales.

El estudio de Brown es una victoria para la libertad de elección y el bienestar. Confirma que muchos individuos están optando de forma consciente por alternativas vegetales más seguras. Si bien la prudencia científica es necesaria, la demostración de la causalidad abre un camino prometedor. La investigación futura, que ya está explorando el rol de cannabinoides individuales (como el THC y el CBD) en el consumo de alcohol, seguramente confirmará al cannabis como una herramienta terapéutica válida y económica para combatir la dependencia. La sociedad se mueve hacia un modelo donde se prioriza la reducción de daños, y la planta de Cannabis sativa es la pieza central de ese futuro más sobrio y saludable.