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El Congreso de Estados Unidos ha aprobado una serie de restricciones que, en la práctica, prohíben la mayoría de los productos derivados del cáñamo, revirtiendo el espíritu aperturista que había impulsado la Ley Agrícola de 2018. Esta decisión es considerada uno de los cambios más drásticos a la política antidrogas de EE. UU. en los últimos años.

La medida más significativa es la prohibición a nivel federal de productos (como gomitas y bebidas) que contengan más de 0.4 miligramos de THC total por envase. Esta restricción, que se aplicará tras un periodo de gracia de un año, invalidaría en la práctica a la mayoría de los productos de extracto de cáñamo que se comercializan actualmente, poniendo en riesgo una industria minorista valorada en al menos US$ 28.000 millones y más de 300.000 empleos.

El trasfondo de esta acción parece ser la búsqueda de cortar vacíos legales que generó la generalidad de la Ley de 2018 y que permitió la aparición de productos derivados del cáñamo sin un marco regulatorio claro respecto al THC, el componente psicoactivo.

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El impacto de esta iniciativa es considerado extraterritorial e introduce un "nivel de incertidumbre muy alto" para toda la cadena del cáñamo en países como Colombia, Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile y Brasil.

Para los analistas, la restricción generará una contracción inmediata de la demanda internacional y presión a la baja sobre los precios. Pablo Fazio, analista en la industria, teme un riesgo de "contagio normativo" en la región y considera que la medida es una señal negativa para la inversión y la planificación a largo plazo en un sector ya debilitado.

Las empresas exportadoras latinoamericanas se verán forzadas a eliminar todo el THC de sus productos para poder comerciar en el mercado estadounidense, un desafío significativo para quienes dependen de las formulaciones de CBD de espectro completo (que contienen trazas de THC para lograr el "efecto séquito" o sinérgico).

 

Análisis y Geopolítica del Cannabis

La medida del Congreso de EE. UU. representa un giro prohibicionista y un retroceso que va en sentido inverso a la normalización largamente esperada por la industria. Este endurecimiento de la normativa afecta negativamente a las empresas legítimas y al comercio internacional. Es un acto de "prohibicionismo moral" que desestima la evidencia científica sobre el espectro completo y pone un freno a una industria que genera riqueza. El gobierno estadounidense, bajo el pretexto de cerrar vacíos legales, está, en esencia, asfixiando a los pequeños productores y al sector emergente, en lugar de regularlo de manera "más matizada".

Paradójicamente, el prohibicionismo moral de EE. UU. se traduce en una oportunidad estratégica e histórica para Sudamérica. Si EE. UU. exige que sus productos finales contengan un nivel de THC prácticamente indetectable, la demanda de aislados de CBD puro y materia prima libre de THC se disparará a nivel mundial. América Latina, con sus climas ideales y marcos regulatorios que se están flexibilizando (como el decreto de Colombia de 2021, que elimina la prohibición de exportar flor seca y abre puertas a usos industriales), tiene la capacidad de convertirse en el proveedor más eficiente y confiable de esta materia prima de alta pureza.

La región debe interpretar estas restricciones estadounidenses no como un cierre de puertas, sino como una llamada a consolidar su propia cadena de valor, enfocándose en la exportación de cáñamo industrial (alimentos, bebidas, fibras) y en el mercado europeo y asiático, que buscan estabilidad. El rechazo estadounidense al cáñamo de espectro completo impulsa la soberanía del cáñamo latinoamericano, posicionando a nuestros países como líderes en la producción de materia prima de calidad frente a la volatilidad regulatoria del norte.