De Pilar al laboratorio: un científico argentino va por soluciones reales con cannabis frente a la resistencia bacteriana
El investigador pilarense Paulo Maffía, director del Laboratorio de Aplicaciones Biotecnológicas y Microbiología de la Universidad Nacional de Hurlingham e integrante del CONICET, lidera proyectos que combinan péptidos antimicrobianos y compuestos del cannabis para enfrentar bacterias resistentes y aportar herramientas terapéuticas innovadoras.
En un contexto donde las superbacterias resistentes a antibióticos se convierten en una de las amenazas más urgentes para la salud mundial, investigadores argentinos están explorando rutas novedosas para encontrar respuestas. Al frente de uno de esos equipos está Paulo Maffía, un científico de Pilar que dirige el Laboratorio de Aplicaciones Biotecnológicas y Microbiología de la Universidad Nacional de Hurlingham (UNAHUR) y es investigador del CONICET.
La resistencia antimicrobiana —la capacidad de algunas bacterias de ignorar los antibióticos convencionales— se ha intensificado debido al uso excesivo de estos fármacos. Esto ha hecho que infecciones que antes se trataban con facilidad se vuelvan más difíciles de controlar, aumentando las complicaciones, la duración de las hospitalizaciones y los costos en sistemas de salud.
Frente a ese desafío, el equipo de Maffía trabaja en nuevas soluciones terapéuticas que combinan dos líneas principales:
Péptidos antimicrobianos
Pequeñas proteínas diseñadas para atacar bacterias resistentes directamente o potenciar la acción de antibióticos existentes. Estos péptidos son una de las apuestas más interesantes en biotecnología debido a su especificidad y capacidad de adaptación a mecanismos de resistencia.
Cannabis medicinal como recurso terapéutico
Desde 2020 el laboratorio incorporó la investigación de principios activos del cannabis, especialmente el cannabidiol (CBD), para evaluar si puede colaborar —solo o en combinación con otros agentes— para combatir bacterias que ya no responden bien a fármacos tradicionales.
Al analizar estos compuestos y combinarlos con péptidos antimicrobianos, los científicos buscan respuestas terapéuticas nuevas que puedan eventualmente traducirse en medicamentos capaces de hacer frente a infecciones complicadas tanto en hospitales como en la comunidad.
El grupo de investigación no trabaja de forma aislada, a lo largo de los años sumó especialistas del CONICET y de la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) de Buenos Aires, patentó péptidos de diseño propio y presentó avances en publicaciones y congresos científicos.
Además de su enfoque en salud humana, proyectos asociados han desarrollado herramientas como Cannacolor, un kit para determinar en pocos minutos la concentración de THC y CBD en material vegetal de cannabis, aportando control de calidad a la producción medicinal.
Por qué esto importa más allá de los laboratorios
Lo que hace Maffía y su equipo es estratégico para la salud pública argentina y mundial. La resistencia bacteriana crece, pero la industria farmacéutica —en general— invierte poco en soluciones para este problema por su baja rentabilidad, dejando el campo a instituciones públicas y universidades que pueden sostener la investigación a largo plazo.
En un país donde todavía reina una mezcla de prejuicio, reglamentaciones parciales y desinformación sobre el cannabis medicinal, los avances que vienen de la ciencia pública sirven como anclaje de confianza y evidencia.
Desde Pilar hasta los pasillos del laboratorio, la historia de este científico nos recuerda algo esencial, cuando juntas ciencia seria y una planta milenaria, la conversación deja de ser ideológica y pasa a ser medicina real. No se trata de fórmulas mágicas ni de espejismos terapéuticos, sino de trabajo paciente, rigor y compromiso con la salud colectiva.
Si hay un camino para desarmar miedos, prejuicios y murallas regulatorias, es éste: el del conocimiento aplicado, la investigación pública y la apertura a explorar soluciones más allá de lo convencional.
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