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El Instituto Nacional de Semillas (INASE) oficializó el 27 de marzo de 2026 la Resolución 121/2026, una medida clave que impacta directamente sobre los operadores de Cannabis sativa L. inscriptos en el Registro Nacional de Comercio y Fiscalización de Semillas (RNCyFS).

La decisión central: extender en 120 días adicionales el plazo para renovar la inscripción anual, que originalmente vencía el 31 de marzo. Con este cambio, la fecha de caducidad para el ciclo 2025/2026 pasa al 1° de octubre de 2026, evitando que numerosos productores queden automáticamente fuera del sistema por incumplimientos administrativos.

Esta prórroga no surge en el vacío. Es una respuesta directa al reordenamiento normativo que atraviesa el sector desde la sanción de la Ley 27.669, el marco regulatorio para el desarrollo del cannabis medicinal y el cáñamo industrial, y su reglamentación mediante el Decreto 405/2023.

En ese nuevo esquema, el INASE ya había establecido —a través de la Resolución 484/2025— la obligatoriedad de contar con licencia o autorización de la Agencia Regulatoria de la Industria del Cáñamo y del Cannabis Medicinal (ARICCAME) para operar legalmente dentro del sistema de semillas.

El problema era evidente: muchos actores del sector aún no lograban completar ese circuito burocrático. Entre trámites, requisitos técnicos y tiempos administrativos, el riesgo de caducidad masiva estaba sobre la mesa. Por eso, tras un pedido formal de la propia ARICCAME y con intervención de la Comisión Nacional de Semillas (Acta Nº 531 del 17 de marzo de 2026), el INASE resolvió otorgar este margen extra.

En términos concretos, la medida evita que quienes no hayan abonado la anualidad o completado su regularización dentro del plazo original pierdan automáticamente su inscripción, algo que hubiese implicado retroceder casilleros en un tablero que recién se está armando.

Este es un reconocimiento tácito de que la industria del cannabis en Argentina todavía está germinando entre papeles, decretos y decisiones que se van acomodando sobre la marcha.

Este nuevo plazo no resuelve todo, pero abre una ventana: más tiempo para ordenar, para profesionalizar, para cumplir sin quedar afuera.

Porque si algo está claro, es que el futuro del cannabis no se detiene por trámites… pero sí necesita reglas que entiendan los tiempos reales de quienes lo cultivan. Y en ese cruce —entre tierra, ley y oportunidad— hoy hay un poco más de aire para crecer.