Escuchar artículo

Un informe presentado por el Ayuntamiento de Madrid analizó muestras de aguas residuales recogidas entre 2023 y 2025 para estimar el consumo de drogas en la ciudad. Este método detecta metabolitos —los restos químicos que el cuerpo elimina tras consumir una sustancia— presentes en el sistema de alcantarillado.

El estudio mostró que en Madrid se detectan 369 miligramos de cocaína por día cada 1.000 habitantes, una cifra ligeramente superior a la de Barcelona, donde el nivel estimado es de 349 miligramos diarios por cada 1.000 personas.

En cambio, el patrón se invierte cuando se observa el cannabis. En las aguas residuales madrileñas se registraron 77,2 miligramos diarios por cada 1.000 habitantes, mientras que Barcelona alcanza 220,7 miligramos, es decir, casi tres veces más.

Cómo se mide el consumo de drogas en una ciudad

Este tipo de estudios forma parte de lo que los científicos llaman epidemiología basada en aguas residuales. La técnica consiste en analizar muestras del sistema de alcantarillado para identificar biomarcadores de distintas sustancias consumidas por la población.

Gracias a este método se pueden detectar tendencias reales de consumo sin depender únicamente de encuestas o datos policiales. Además, permite observar variaciones temporales: por ejemplo, algunas drogas recreativas como el MDMA suelen mostrar picos durante los fines de semana, mientras que el cannabis presenta patrones más estables a lo largo de la semana.

Un fenómeno europeo

El consumo de cocaína detectado en Madrid sigue siendo menor que en varias ciudades europeas, donde los niveles son aún más altos. Ciudades como Lisboa, Roma, Oporto o Milán presentan concentraciones superiores en sus aguas residuales.

En general, estudios europeos muestran que las ciudades del oeste y sur del continente concentran los niveles más altos de residuos de cocaína, mientras que el cannabis sigue siendo una de las sustancias ilícitas más detectadas en la región.

Una lectura más amplia

Más allá de las comparaciones entre ciudades, este tipo de análisis refleja una realidad clara: el consumo de sustancias psicoactivas forma parte de la vida urbana contemporánea.

Las cloacas, silenciosas y anónimas, terminan funcionando como un espejo químico de la sociedad. Y aunque los números cambien de ciudad en ciudad, los datos invitan a algo más importante que la estadística: pensar políticas públicas más inteligentes, basadas en salud, información y reducción de daños, en lugar de repetir recetas que hace décadas demostraron no resolver el problema.

 

Foto de portada: La vicealcaldesa Inma Sanz en el laboratorio de Madrid Salud