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La Red de Cannabis de Uso Medicinal e Industrial del CONICET (RACME) celebró su segunda reunión plenaria del año, un encuentro que reunió de manera virtual a investigadores de distintas provincias argentinas para compartir avances, coordinar proyectos y definir las próximas líneas de trabajo.

Aunque para muchos pueda parecer una simple reunión administrativa, este tipo de plenarios representa uno de los principales espacios donde se planifica el futuro de la investigación pública sobre cannabis en Argentina.

La coordinación estuvo a cargo de la investigadora principal del CONICET Silvia Kochen, una de las científicas con mayor trayectoria en neurología y cannabis medicinal del país, junto a la vicepresidenta de Asuntos Científicos del organismo, Claudia Capurro, quien destacó la importancia de mantener una agenda científica federal y multidisciplinaria.

Su participación también representa un respaldo institucional a una temática que hace apenas algunos años era prácticamente inexistente dentro del sistema científico nacional.

¿Qué es la RACME y por qué es tan importante?

La Red de Cannabis de Uso Medicinal e Industrial fue creada por el CONICET para resolver un problema histórico: durante muchos años existían numerosos grupos de investigación trabajando sobre cannabis, pero lo hacían de manera aislada.

Había equipos estudiando genética vegetal.

Otros investigaban cannabinoides.

Algunos desarrollaban aplicaciones clínicas.

Mientras que laboratorios analizaban calidad de aceites, perfiles químicos o nuevas variedades.

Cada grupo generaba conocimiento valioso, pero muchas veces sin conexión entre sí.

La RACME nació precisamente para unir todas esas capacidades.

Hoy funciona como una gran red nacional donde confluyen investigadores de biología molecular, agronomía, química, farmacia, medicina, veterinaria, ingeniería, derecho, economía, ciencias sociales y producción agrícola.

Esa mirada interdisciplinaria permite abordar prácticamente toda la cadena de valor del cannabis.

Desde la semilla hasta el paciente.

Desde el cultivo hasta la industria farmacéutica.

Desde la investigación básica hasta la transferencia tecnológica hacia empresas.

Un trabajo silencioso que termina llegando a los pacientes

Uno de los aspectos más relevantes del trabajo de la RACME es que gran parte de sus investigaciones no quedan únicamente en publicaciones científicas.

Muchas terminan convirtiéndose en protocolos clínicos, desarrollos farmacéuticos, análisis de laboratorio, mejoramiento genético de plantas o recomendaciones técnicas utilizadas por organismos públicos.

Esto es especialmente importante porque el cannabis medicinal todavía presenta enormes desafíos científicos.

Cada variedad produce diferentes perfiles de cannabinoides y terpenos.

Cada extracción modifica la composición química.

Cada patología puede responder de forma distinta.

Y todavía existen muchas enfermedades para las cuales faltan estudios clínicos robustos.

La investigación pública cumple entonces un rol estratégico al producir evidencia independiente que permita conocer qué funciona, qué dosis utilizar y cuáles son los riesgos reales.

El Congreso Internacional que marcó un punto de encuentro

Durante la plenaria también se realizó un balance del Congreso Internacional de Cáñamo Industrial y Cannabis Medicinal desarrollado el 9 y 10 de mayo en la Universidad Nacional Arturo Jauretche.

Ese encuentro reunió investigadores argentinos e internacionales, médicos, empresas, emprendedores, funcionarios públicos, productores y organizaciones de pacientes.

El objetivo fue mucho más amplio que presentar investigaciones.

También buscó generar vínculos entre quienes producen conocimiento y quienes deberán transformarlo en innovación.

En otras palabras, acercar la ciencia al sector productivo.

Para una industria emergente como la del cannabis, esta transferencia tecnológica resulta fundamental.

Muchos desarrollos científicos sólo alcanzan su verdadero impacto cuando una empresa logra convertirlos en medicamentos, alimentos, biomateriales, cosméticos o nuevos procesos industriales.

La investigación también impulsa la economía

Uno de los conceptos que atraviesa el trabajo de la RACME es que el cannabis no debe entenderse únicamente como una herramienta terapéutica.

También constituye una oportunidad para generar desarrollo económico.

La Ley 27.669 fue diseñada precisamente bajo esa lógica.

Su objetivo es fomentar una industria nacional capaz de producir medicamentos, principios activos farmacéuticos, alimentos funcionales, cosméticos, textiles, materiales de construcción, biomasa industrial y derivados del cáñamo.

Sin embargo, para competir con mercados internacionales resulta indispensable producir conocimiento propio.

No alcanza con cultivar.

Es necesario desarrollar genética adaptada a los distintos ambientes argentinos.

Crear variedades nacionales.

Optimizar sistemas de cultivo.

Perfeccionar técnicas de extracción.

Generar estándares de calidad.

Validar procesos industriales.

Y formar recursos humanos altamente especializados.

En todos esos aspectos trabaja la RACME.

Un puente entre la ciencia y las políticas públicas

Otro aspecto poco conocido es que la red también funciona como organismo de consulta técnica.

Los investigadores elaboran documentos, informes y recomendaciones que pueden servir como base para futuras decisiones regulatorias.

Esto resulta especialmente relevante porque la legislación sobre cannabis evoluciona rápidamente.

Las normas deben adaptarse constantemente a nuevos descubrimientos científicos.

Por ejemplo:

  • nuevos cannabinoides identificados;
  • nuevas aplicaciones médicas;
  • mejores métodos analíticos;
  • estándares internacionales de calidad;
  • avances en genética vegetal;
  • protocolos de producción farmacéutica.

Disponer de científicos especializados permite que las futuras regulaciones estén respaldadas por evidencia y no solamente por posiciones ideológicas.

Un contexto desafiante

La continuidad de estos espacios cobra aún más importancia en un escenario donde gran parte del sistema científico argentino enfrenta restricciones presupuestarias y donde la industria del cannabis atraviesa un período de incertidumbre regulatoria.

Pese a ese contexto, la RACME continúa ampliando la cooperación entre laboratorios, universidades, hospitales, organismos públicos y centros de investigación distribuidos en todo el país.

Esta articulación permite aprovechar mejor los recursos disponibles, evitar duplicar esfuerzos y acelerar la generación de conocimiento útil para pacientes, productores y empresas.

Ciencia para construir una industria sólida

El desarrollo del cannabis medicinal y del cáñamo industrial no depende únicamente de nuevas leyes o inversiones privadas.

También requiere una base científica capaz de generar innovación permanente.

Cada nuevo estudio sobre genética, cannabinoides, farmacología, agronomía o procesos industriales representa una pieza más para consolidar una industria nacional competitiva, con estándares internacionales y basada en evidencia.

La continuidad del trabajo de la RACME demuestra que, aun en contextos complejos, la ciencia argentina sigue construyendo las herramientas necesarias para que el cannabis medicinal y el cáñamo industrial dejen de ser una promesa y se conviertan en un verdadero motor de salud, desarrollo tecnológico y crecimiento económico.

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