El consumo de marihuana entre adultos jóvenes muestra una fuerte caída según los datos del Observatorio Argentino de Drogas
Una cifra desactualizada en un medio de gran alcance volvió a instalar la idea de un consumo de cannabis cada vez mayor entre los jóvenes argentinos. Pero cuando se comparan los estudios oficiales del Observatorio Argentino de Drogas aparece otro dato que obliga a revisar el relato.
Una noticia publicada por Aire de Santa Fe volvió a poner el consumo de marihuana en el centro del debate público a partir de declaraciones del médico toxicólogo Carlos Damin, quien habló de una creciente naturalización del cannabis y de un supuesto agravamiento del consumo.

El artículo señala que el 49% de las personas de entre 25 y 34 años consumió marihuana durante el último año.
La cifra es real.
Pero necesita una precisión fundamental que cambia completamente su interpretación.
Ese 49,1% corresponde al estudio nacional realizado por el Observatorio Argentino de Drogas (OAD) de la entonces SEDRONAR en 2016, cuya población de referencia comprendía personas de 12 a 65 años.
La tabla oficial de prevalencia anual registra para el grupo de 25 a 34 años un 49,1% de consumo de marihuana durante el último año. En los grupos de 18 a 24 años la cifra era 42,7%, mientras que entre 35 y 49 años alcanzaba 29,4%.
Es decir, AIRE no inventó el 49%.
El dato existe y proviene de una fuente oficial.
Lo que resulta problemático es presentarlo como si describiera la situación actual de los jóvenes argentinos.
Porque tenemos una medición posterior.
Y la diferencia es enorme.
De 49,1% a 22,3%
En 2022, el Observatorio Argentino de Drogas de la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (SEDRONAR) trabajó junto con el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) en la Encuesta Nacional sobre Consumos y Prácticas de Cuidado, ENCoPraC.
Esta encuesta incorporó una población de 16 a 75 años y, entre otras dimensiones, analizó específicamente el consumo de marihuana con fines no terapéuticos.
En esa medición, la prevalencia anual para las personas de 25 a 34 años fue del 22,3%.
El mismo informe registra un 22,2% para el grupo de 16 a 24 años.
La comparación arroja:
2016 — 49,1%
2022 — 22,3%
La diferencia es de 26,8 puntos porcentuales.
Expresado como variación relativa, el indicador de 2022 es aproximadamente 54,6% inferior al observado en 2016.
Es un dato demasiado grande como para ignorarlo.
Pero también es demasiado importante como para interpretarlo sin contexto.
¿Entonces el consumo bajó?
La respuesta responsable es: el indicador observado bajó de manera muy marcada entre ambas mediciones, pero no podemos atribuir automáticamente esa diferencia a una reducción real del consumo de esa magnitud.
¿Por qué?
Porque estamos comparando estudios que tienen diferencias metodológicas.
El relevamiento de 2016 fue realizado sobre población de 12 a 65 años, mientras que la ENCoPraC 2022 trabajó con personas de 16 a 75 años.
Además, la medición de 2022 distingue específicamente el consumo de marihuana con fines no terapéuticos, una precisión especialmente relevante en un país donde durante esos años se produjo una expansión del cannabis medicinal y de las políticas públicas vinculadas a su utilización terapéutica.
El propio OAD explica que la ENCoPraC incorporó nuevas dimensiones para analizar los consumos, incluyendo motivos de consumo, factores de riesgo y protección, prácticas de cuidado y contexto de utilización.
Por eso, sería metodológicamente incorrecto titular:
“El consumo de cannabis cayó 54% en Argentina”.
Lo que sí podemos decir es:
“La prevalencia anual observada entre personas de 25 a 34 años cayó de 49,1% en 2016 a 22,3% en 2022 en los estudios nacionales del OAD”.
Y esa diferencia merece ser investigada.
El dato pone en discusión una idea instalada
La discusión pública suele partir de una premisa sencilla: si el cannabis está más visible, más aceptado socialmente y más presente en la cultura popular, entonces necesariamente hay más personas consumiéndolo.
Pero esas dos cosas no son equivalentes.
Puede aumentar la visibilidad social de una conducta sin que aumente necesariamente su prevalencia.
De hecho, los datos oficiales disponibles muestran una fotografía bastante más compleja.
En la ENCoPraC 2022, la prevalencia anual de marihuana para el conjunto de la población de 16 a 75 años fue del 13,8%, mientras que la prevalencia mensual fue del 8,1% y la prevalencia de vida alcanzó aproximadamente el 26%.
Esto permite separar tres conceptos que muchas veces aparecen mezclados en las discusiones mediáticas:
haber consumido alguna vez, haber consumido durante el último año y haber consumido durante el último mes no significan lo mismo.
Una persona puede haber probado cannabis alguna vez en su vida y no consumir actualmente.
Una persona puede haber consumido durante el último año y no hacerlo de manera habitual.
Y una persona que consume durante el último mes tampoco necesariamente presenta un consumo problemático.
La estadística sanitaria necesita esas diferencias.
2016 también mostraba una concentración del consumo en adultos jóvenes
El estudio del OAD realizado en 2016 ya mostraba una fuerte concentración de la prevalencia anual en las edades jóvenes y adultas jóvenes.
El 42,7% correspondía al grupo de 18 a 24 años y el 49,1% al grupo de 25 a 34 años.
Después, el indicador descendía al 29,4% entre los 35 y 49 años y al 8,1% entre los 50 y 65 años.
La fotografía de 2022 conserva parcialmente ese patrón etario, pero con valores mucho menores.
El 22,2% corresponde al grupo de 16 a 24 años y el 22,3% al de 25 a 34 años. Luego el porcentaje cae al 10,9% entre los 35 y 49 años.
Esto significa que los adultos jóvenes continúan siendo uno de los grupos donde el cannabis tiene mayor presencia, pero la magnitud registrada en la encuesta más reciente es sustancialmente menor.
También cambió la forma de preguntar sobre el consumo
Este punto es fundamental para entender la aparente contradicción.
La ENCoPraC no se limitó a preguntar si una persona consume o consumió marihuana.
El estudio buscó comprender qué consume, por qué, con quién, dónde, con qué frecuencia y qué prácticas de cuidado utiliza.
Entre quienes consumieron marihuana durante el último mes, el 70% declaró hacerlo con amigos o amigas y el 19,1% señaló consumir en soledad.
En cuanto a los motivos, el 71,9% mencionó placer, curiosidad o búsqueda de nuevas experiencias, mientras que el 46% señaló relajarse, dormir, calmar nervios o aliviar dolores físicos.
Además, el 60,8% declaró haber combinado marihuana y alcohol en una misma ocasión.
Son datos mucho más útiles para una política de prevención que simplemente contabilizar consumidores.
Porque conocer cómo ocurre el consumo permite diseñar intervenciones específicas.
Naturalización y consumo son dos variables diferentes
Carlos Damin plantea que existe una mayor naturalización social del cannabis.
Esa afirmación puede formar parte legítimamente del debate.
La sociedad argentina efectivamente atravesó transformaciones importantes en su relación con la planta: cannabis medicinal, autocultivo, asociaciones civiles, investigación científica, producción industrial, cáñamo, nuevos emprendimientos y una mayor presencia pública del tema.
Pero una mayor aceptación cultural no demuestra por sí misma un aumento de la prevalencia.
Y acá aparece una distinción que debería ocupar un lugar central en cualquier discusión seria sobre drogas:
naturalización no significa necesariamente aumento del consumo.
Una sociedad puede hablar más de cannabis, conocer más sobre sus usos y tener una percepción menos estigmatizante de la planta mientras determinados indicadores de consumo permanecen estables o incluso disminuyen.
Por eso es peligroso utilizar la percepción social como sustituto de las estadísticas epidemiológicas.
La pregunta importante es qué significa consumir
También sería un error utilizar estos datos para construir el relato inverso y afirmar que "el cannabis dejó de ser un problema".
Tampoco dicen eso.
El consumo problemático existe.
Las personas con dependencia o con dificultades para controlar el uso necesitan atención sanitaria, acompañamiento profesional y políticas de cuidado.
La reducción de un indicador poblacional tampoco elimina los riesgos asociados a determinadas modalidades de consumo.
La frecuencia, la edad de inicio, la potencia de los productos, la combinación con otras sustancias, determinadas condiciones individuales y el contexto de utilización son variables relevantes.
La propia ENCoPraC fue diseñada precisamente para profundizar sobre esas dimensiones y no reducir el fenómeno a una simple cuenta de consumidores.
Una industria más responsable necesita mejores datos
Para el ecosistema cannábico argentino, esta discusión tiene una importancia adicional.
La industria regulada, los profesionales de la salud, los cultivadores, las asociaciones civiles y los comunicadores tienen que trabajar sobre información verificable.
La profesionalización del cannabis requiere abandonar tanto la propaganda acrítica como el alarmismo.
Un mercado responsable necesita consumidores informados.
Necesita productos correctamente identificados.
Necesita información sobre concentraciones y composición.
Necesita trazabilidad.
Necesita investigación.
Y necesita políticas de reducción de daños que reconozcan una realidad sencilla: las personas consumen sustancias y la política pública debe trabajar sobre esa realidad, no sobre una sociedad imaginaria en la que nadie consume.
La verdadera noticia está en la comparación
El titular original habla de un 49%.
El documento del OAD confirma que ese número existió.
Pero corresponde a una medición de 2016.
Seis años después, otra investigación oficial del OAD, realizada junto con INDEC, registró 22,3% para el mismo grupo etario en consumo anual de marihuana con fines no terapéuticos.
Eso no alcanza para decretar que Argentina atravesó una caída del 54,6% en el consumo de cannabis.
Pero sí alcanza para poner en duda una afirmación mucho más sencilla: que la mayor aceptación social del cannabis implica necesariamente que cada vez más personas lo consumen.
Los datos disponibles cuentan una historia bastante más compleja.
Y justamente ahí está el valor del periodismo.
No se trata de defender al cannabis ni de atacarlo.
Se trata de mirar los números completos.
Una discusión que merece mejores estadísticas
La próxima medición nacional será especialmente importante para determinar si el descenso observado entre 2016 y 2022 forma parte de una tendencia, si responde parcialmente a diferencias metodológicas o si refleja cambios efectivos en los patrones de consumo de la población.
Hasta entonces, la conclusión más prudente es también la más interesante: el dato del 49,1% es verdadero, pero pertenece a 2016; la medición nacional posterior registró 22,3% en 2022.
Entre ambos números hay una historia que todavía necesita ser explicada.
Y esa historia merece algo más que un titular alarmista.
En Radio Sativa creemos que hablar de cannabis también significa hablar de ciencia, estadísticas y pensamiento crítico. Escuchanos en radiosativa.com.ar y sumate a nuestra comunidad para seguir desarmando mitos con información.
Fuentes:
Noticia de Aire de Santa Fe https://www.airedesantafe.com.ar/actualidad/el-49-las-personas-25-y-34-anos-consumio-marihuana-el-ultimo-ano-hay-una-naturalizacion-y-agravamiento-extremo-n667495
Encuesta Nacional sobre Consumos y Prácticas de Cuidado https://www.argentina.gob.ar/node/394410

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