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Un operativo de la Policía Federal Argentina terminó con tres allanamientos, el secuestro de una infraestructura destinada al cultivo de hongos y la detención de un hombre de 55 años, en una investigación que comenzó a partir de denuncias vecinales en Maquinista Savio, partido de Escobar.

Según la información publicada por El Diario de Escobar y otros medios locales, la investigación estuvo a cargo de la División Unidad Operativa Federal Campana (DUOF Campana) y fue supervisada por la Fiscalía Federal de Primera Instancia de Campana, a cargo del fiscal Adrián González Charvay, con intervención del Juzgado Federal de Primera Instancia N.º 1 de Campana.

El expediente se inició luego de que vecinos informaran sobre fuertes olores y movimientos sospechosos durante la noche alrededor de dos inmuebles ubicados en Maquinista Savio. A partir de esas alertas, los investigadores realizaron tareas de inteligencia y utilizaron un Vehículo Aéreo No Tripulado (VANT) para obtener registros fotográficos y fílmicos de los predios.

Con las pruebas reunidas, la Justicia autorizó los allanamientos. En los dos inmuebles investigados fueron encontrados dos estructuras tipo indoor, una destinada al desarrollo de cultivos y otra equipada con diferentes insumos. También había dos habitaciones acondicionadas para mantener condiciones ambientales controladas, con sistemas de calefacción, dispositivos de riego e instrumentos para controlar temperatura y humedad.

El dato que llamó particularmente la atención de los investigadores fue la cantidad de material encontrado. El procedimiento terminó con el secuestro de 171 bolsas con cultivos, además de 36 bloques de cultivo, 46 bolsas termoselladas con materia orgánica, 75 bolsas con material en proceso de germinación y otras 50 con brotes consolidados.

También fueron incautados balanzas, un sellador térmico, jeringas, frascos para muestras, elementos de riego, instrumentos de medición, sustancias e insumos utilizados en el proceso y un cuaderno con anotaciones. Entre los objetos identificados aparece incluso el libro Growing Gourmet and Medicinal Mushrooms.

La palabra clave es “preliminar”

Acá aparece el punto que merece especial atención.

Según la información difundida por las autoridades y reproducida por los medios, durante la inspección técnica preliminar los especialistas consideraron que parte de los ejemplares presentaba características compatibles con hongos del género Psilocybe, grupo que puede contener psilocibina.

Pero “compatible con” no equivale a una identificación taxonómica y química definitiva.

De hecho, el propio desarrollo judicial de la causa contempla que los especialistas deberán continuar con los análisis para determinar la composición de los ejemplares secuestrados y establecer con precisión el alcance de la actividad investigada.

Y hay un elemento adicional que vuelve todavía más relevante esta distinción: Álvaro Hernández, señalado por medios locales como el principal investigado, realizó posteriormente un comentario público en el que sostuvo que los cultivos fotografiados correspondían a hongos comestibles y no psicoactivos. Esa afirmación aparece publicada en los comentarios de El Día de Escobar y deberá contrastarse con las pericias correspondientes.

Desde una perspectiva científica, la diferencia no es menor. La identificación visual puede orientar una investigación, pero la determinación de una especie y, especialmente, la presencia y concentración de compuestos psicoactivos requiere procedimientos analíticos adecuados.

¿Por qué intervino la Justicia Federal?

La investigación fue encuadrada inicialmente bajo una presunta infracción a la Ley 23.737, el régimen argentino de estupefacientes. La normativa establece que la definición penal de “estupefaciente” depende de las sustancias incluidas en los listados oficiales que el Poder Ejecutivo actualiza periódicamente.

Ese sistema tuvo una actualización importante en 2026. Mediante el Decreto 122/2026, publicado el 2 de marzo, el Gobierno nacional modificó el Decreto 560/2019 y amplió el listado de sustancias sometidas a control penal. El Ministerio de Seguridad informó que la actualización incorporó 254 nuevas sustancias y llevó el listado a 886 sustancias bajo control penal.

Por eso, en un caso como este, la cuestión central no debería reducirse al titular “hongos alucinógenos”. Jurídicamente importa determinar qué organismos fueron cultivados, qué sustancias contienen, en qué concentración, qué actividad se realizaba con ellos y qué destino tenían.

Un tercer allanamiento en Buenos Aires

La investigación no terminó en Escobar.

A partir de los elementos encontrados durante los primeros procedimientos, el fiscal ordenó un tercer allanamiento en el barrio porteño de Núñez, en inmediaciones de las calles Pico y Deheza, a aproximadamente dos cuadras de la avenida General Paz.

Allí fue detenido el principal investigado y se secuestraron una computadora y un teléfono celular bloqueado. Según la información publicada por El Día de Escobar, se trata de Álvaro Hernández, de nacionalidad uruguaya y mexicana.

Además de la PFA, participaron especialistas de la División Precursores Químicos de la Superintendencia de Investigaciones contra el Narcotráfico y un ingeniero agrónomo del SENASA, quien inspeccionó las instalaciones y constató que el investigado no figuraba inscripto ante ese organismo, según la información oficial difundida sobre el procedimiento.

El dato que debería importar al mundo fungi

El caso expone una cuestión que excede este allanamiento puntual.

El crecimiento del interés por los hongos gourmet, medicinales y funcionales está generando una actividad productiva cada vez más sofisticada. En ese contexto, confundir un emprendimiento de hongos comestibles con una producción de especies psicoactivas sería un problema serio, tanto desde el punto de vista judicial como para quienes desarrollan actividades legítimas vinculadas al reino fungi.

Por eso, la diferencia entre una sospecha policial, una identificación morfológica preliminar y una pericia científica definitiva resulta fundamental.

La investigación continúa y serán los análisis correspondientes los que deberán establecer qué había realmente dentro de esas 171 bolsas.

Un caso que exige ciencia además de controles

La lucha contra el tráfico ilegal de sustancias necesita investigación, controles y herramientas judiciales eficaces. Pero también necesita precisión científica.

El reino fungi es extraordinariamente diverso y una fotografía, una apariencia o incluso un sistema de cultivo no deberían convertirse automáticamente en una identificación definitiva de una especie o de una sustancia.

Este caso todavía está abierto y, hasta que concluyan las pericias, corresponde hablar de cultivos presuntamente psicoactivos y no presentar como hecho probado aquello que la propia investigación todavía debe determinar.

Para una cultura fungi responsable, ese nivel de precisión también es reducción de daños.

La ciencia tiene la última palabra. Y cuanto más crece el universo fungi, más necesaria se vuelve.

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