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La industria del cannabis no psicoactivo y el cáñamo en Ecuador atraviesa una etapa de expansión que empieza a reflejarse en números concretos. Según datos difundidos por El Universo, el sector proyecta alcanzar una facturación cercana a 20 millones de dólares durante 2026, después de registrar ventas aproximadas por 10 millones de dólares en 2024 y 15 millones en 2025.

El crecimiento está acompañado por una estructura empresarial cada vez más amplia. Actualmente existen más de 700 compañías vinculadas a la actividad, con aproximadamente el 60 % concentradas en las provincias de Pichincha y Guayas.

A esto se suma el Clúster Nacional de Cannabis No Psicoactivo y Cáñamo, integrado por unas 30 empresas que trabajan en el desarrollo de productos de mayor valor agregado.

La transformación es significativa: el negocio ya no gira exclusivamente alrededor del cultivo o de la materia prima. Alimentos, suplementos, cosméticos, productos medicinales, aplicaciones veterinarias y artículos vinculados al bienestar forman parte de una cadena productiva que busca agregar tecnología, formulación y marca al cultivo.

Una regulación que permitió construir mercado

Lizbeth Fajardo, presidenta del Clúster Nacional de Cannabis No Psicoactivo y Cáñamo y gerente general de Mayu Ecuador, sostiene que la decisión de la Asamblea Nacional de archivar el pasado 20 de agosto una propuesta de Ley Orgánica para la Regulación Integral del Uso Responsable de Cannabis no modifica el funcionamiento del segmento no psicoactivo.

La razón es importante.

Según explicó Fajardo, el sector ya dispone de un marco regulatorio propio desde 2020.

“Nuestra industria ya cuenta con un marco legal y regulatorio establecido, operativo y bastante completo desde el año 2020”.

La normativa ecuatoriana establece una diferencia regulatoria central para el desarrollo de esta actividad. El cannabis no psicoactivo o cáñamo con menos del 1 % de THC en peso seco quedó fuera de la fiscalización correspondiente a las sustancias sujetas a control, mientras que su regulación productiva quedó bajo la órbita de la Autoridad Agraria Nacional.

A partir de ese esquema, el Ministerio de Agricultura y Ganadería emitió el Acuerdo Ministerial N.º 109-2020, destinado a regular la importación, siembra, cultivo, cosecha, poscosecha, almacenamiento, transporte, procesamiento, comercialización y exportación del cannabis no psicoactivo o cáñamo.

La arquitectura regulatoria se complementó posteriormente con normas sanitarias específicas.

Entre ellas aparece la Resolución ARCSA-DE-2022-014-AKRG, emitida por la Agencia Nacional de Regulación, Control y Vigilancia Sanitaria —ARCSA— y publicada en el Registro Oficial N.º 132 del 23 de agosto de 2022. La norma regula los productos terminados de uso y consumo humano que contienen cannabis no psicoactivo, cáñamo o sus derivados.

La regulación contempla a empresas y personas naturales o jurídicas que elaboren, envasen, importen, exporten, almacenen, comercialicen, distribuyan o expendan este tipo de productos.

Es decir: del cultivo a la góndola.

Del campo al producto terminado

Uno de los datos más interesantes del proceso ecuatoriano está precisamente en la evolución de la cadena de valor.

La presidenta del clúster señala que el crecimiento más importante no está solamente en sembrar o procesar cannabis, sino en la innovación desarrollada alrededor de la materia prima.

El caso de Mayu Ecuador sirve como ejemplo.

La empresa cuenta con Licencia 5 para procesamiento y, según Fajardo, alcanzó una facturación anual de aproximadamente 500.000 dólares entre 2025 y 2026, a través de alimentos, suplementos y cosméticos.

Sus productos llegan actualmente a más de 100 puntos de venta en Ecuador, además de contar con presencia en dos farmacias magistrales ubicadas en Quito y Cuenca.

El dato permite observar dónde está una de las oportunidades más importantes para el sector cannábico latinoamericano: la materia prima puede convertirse en una plataforma para desarrollar productos de mayor valor agregado.

Una hectárea cultivada genera materia vegetal.

Una cadena industrial puede generar alimentos, ingredientes funcionales, cosméticos, formulaciones, extractos, suplementos, productos veterinarios, marcas y conocimiento especializado.

Ahí aparece la diferencia entre vender una cosecha y construir una industria.

Ecuador busca salir al mundo

El siguiente desafío para las compañías ecuatorianas es internacionalizarse.

Mayu Ecuador trabaja actualmente en trámites para ingresar con sus productos a Estados Unidos, España, Islandia, Francia y Costa Rica, según informó Fajardo.

Uno de sus chocolates con CBD, además, fue seleccionado como semifinalista del II Ecuadorian Cacao Innovation Award, una distinción que abre la posibilidad de presentar el producto en el Salon du Chocolat de París.

La combinación resulta particularmente interesante: cacao ecuatoriano, formulación con cannabinoides, desarrollo industrial y una estrategia de exportación.

Es exactamente el tipo de modelo que puede convertir al cannabis en un ingrediente más dentro de industrias que ya existen, en lugar de mantenerlo aislado como una categoría exótica.

Más de 2.000 productos regulados

La expansión también puede observarse en la cantidad de productos que llegaron al mercado bajo los mecanismos regulatorios establecidos.

De acuerdo con los datos citados por El Universo, actualmente circulan en Ecuador más de 2.000 tipos de productos con notificación o registro sanitario relacionados con este segmento.

La normativa de ARCSA establece controles específicos para los productos terminados que contienen cannabis no psicoactivo o cáñamo y sus derivados.

Para el consumidor, esto introduce un elemento fundamental: trazabilidad y cumplimiento sanitario.

Para el empresario, significa algo todavía más importante: reglas sobre las cuales construir una operación comercial.

Y para el productor, implica que la calidad de la materia prima, los procesos de transformación y la documentación dejan de ser cuestiones accesorias para convertirse en parte del valor del producto.

El verdadero negocio está en agregar valor

La experiencia ecuatoriana deja una enseñanza que trasciende sus fronteras.

El futuro de la industria cannábica no necesariamente pasa por producir más toneladas. Pasa por producir mejor y vender productos con mayor valor agregado.

Cáñamo para alimentos.

Extractos para formulaciones.

Cannabinoides para cosmética.

Productos veterinarios.

Ingredientes funcionales.

Nuevos desarrollos farmacéuticos.

Materiales industriales.

Y, sobre todo, marcas capaces de competir en mercados donde el origen, la calidad, la innovación y la trazabilidad tengan un precio.

En palabras de Lizbeth Fajardo:

“La industria ecuatoriana ya está construyendo una historia empresarial alrededor del cannabis no psicoactivo”.

El desafío que queda planteado es consolidar ese crecimiento, fortalecer la innovación y demostrar que América Latina también puede desarrollar productos cannábicos capaces de competir internacionalmente.

Ecuador ya tiene más de 700 empresas dentro de esta economía y proyecta llegar a los 20 millones de dólares de facturación en 2026. Quizás el dato más importante no sea cuánto dinero mueve hoy el sector, sino lo que demuestra su evolución: cuando el cannabis encuentra reglas claras, también encuentra empresarios dispuestos a invertir, desarrollar productos y abrir mercados.

El cáñamo ya no es solamente una planta para cultivar. Para una nueva generación de empresas, es una plataforma industrial.

La industria cannábica latinoamericana sigue creciendo

La experiencia ecuatoriana muestra que regulación, innovación y desarrollo empresarial pueden convivir dentro de una misma cadena productiva. El desafío ahora es que cada país encuentre modelos que permitan transformar el potencial de la planta en trabajo, productos de calidad y nuevas oportunidades comerciales.

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