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El mercado del cannabidiol encontró en la sexualidad un terreno fértil para desarrollar productos. Lubricantes, aceites de masaje, cápsulas y cosméticos prometen mayor sensibilidad, relajación, placer e incluso orgasmos más intensos.

El problema aparece cuando la publicidad utiliza investigaciones sobre cannabis o THC para respaldar afirmaciones específicas sobre CBD.

Una revisión publicada el 29 de agosto de 2026 por Hanf Magazin pone el foco precisamente sobre esa distancia entre lo que sabemos y lo que se promete. La conclusión es tan interesante como incómoda para el mercado: el vínculo entre el sistema endocannabinoide y la sexualidad existe, pero la evidencia clínica sobre CBD aplicado específicamente al sexo sigue siendo muy limitada.

Y esa diferencia importa.

El sistema endocannabinoide también participa en la respuesta sexual

La relación no comienza con los productos de CBD. El propio organismo posee un sistema endocannabinoide involucrado en procesos como la regulación del estado de ánimo, el estrés, la motivación, la recompensa y la circulación sanguínea, todos ellos factores relacionados con la respuesta sexual.

Los receptores CB1, por ejemplo, están presentes en regiones cerebrales vinculadas con la motivación y los mecanismos de recompensa, además de encontrarse en el sistema nervioso periférico.

Un estudio de Klein y colaboradores publicado en 2012 en The Journal of Sexual Medicine analizó los cambios en los niveles de endocannabinoides propios del organismo durante la excitación sexual femenina.

Los investigadores observaron modificaciones medibles.

Pero hay una diferencia crucial entre dos afirmaciones:

El sistema endocannabinoide participa en la respuesta sexual.

y

Administrar cannabinoides desde el exterior mejora la respuesta sexual.

La primera tiene respaldo científico. La segunda requiere evidencia específica.

Cannabis y sexualidad muestran señales interesantes

La investigación sobre cannabis y sexualidad es bastante más amplia cuando hablamos de cannabis en general, particularmente de preparaciones que contienen THC.

Uno de los trabajos más citados es el análisis realizado en 2017 por Sun y Eisenberg a partir de datos de la National Survey of Family Growth de Estados Unidos.

Los investigadores observaron que las personas que declaraban consumir cannabis también informaban, en promedio, una mayor frecuencia de relaciones sexuales que quienes no consumían.

Pero el dato tiene una limitación fundamental: se trata de una asociación.

No demuestra que consumir cannabis provoque tener más relaciones sexuales.

Podría existir una relación inversa, podrían intervenir factores relacionados con la edad o el estado de pareja, o podrían existir otras variables que expliquen simultáneamente ambos comportamientos.

La diferencia entre correlación y causalidad vuelve a aparecer como uno de los grandes protagonistas de la investigación cannábica.

Mujeres y cannabis muestran resultados particularmente interesantes

Otros estudios observaron asociaciones entre consumo de cannabis y determinados indicadores de función sexual femenina.

En 2019, Lynn y colaboradores entrevistaron a 373 mujeres atendidas en una clínica ginecológica. De ellas, 127 declararon utilizar cannabis antes de mantener actividad sexual.

Un año después, Kasman y colaboradores analizaron datos de 452 mujeres mediante el Female Sexual Function Index, una herramienta utilizada para evaluar distintos aspectos de la función sexual.

En ese estudio, las participantes que declaraban consumir cannabis con mayor frecuencia presentaron, en promedio, puntuaciones superiores en el índice: 29,0 frente a 26,7 en el grupo con menor frecuencia de consumo.

Pero nuevamente aparece la letra chica científica.

Ambos estudios dependen de información proporcionada por las propias participantes. Además, en la investigación de Kasman la muestra estaba integrada por mujeres que compraban en un establecimiento de cannabis, por lo que no representa necesariamente a toda la población.

La investigación puede describir una experiencia.

Todavía no puede convertir esa experiencia en una receta universal.

En los hombres el panorama es bastante menos uniforme

La evidencia disponible tampoco permite afirmar que el cannabis produzca una mejora generalizada de la función sexual masculina.

Shiff y colaboradores analizaron en 2021 información correspondiente a 7.809 hombres atendidos durante una década en una clínica de andrología.

La literatura previa ya advertía sobre la inconsistencia de los resultados. Una revisión publicada por Shamloul y Bella en The Journal of Sexual Medicine en 2011 había señalado que los estudios disponibles mostraban resultados contradictorios y presentaban limitaciones metodológicas importantes.

Más publicaciones no necesariamente significan respuestas definitivas.

A veces significan simplemente que todavía estamos haciendo mejores preguntas.

La dosis puede cambiar completamente la experiencia

Uno de los conceptos más interesantes para comprender la relación entre cannabinoides y sexualidad es la llamada respuesta bifásica.

En determinadas circunstancias, una dosis baja y una dosis elevada pueden producir efectos diferentes, incluso opuestos.

Esta característica ha sido estudiada especialmente en relación con ansiedad, dolor y sueño. Una revisión publicada en Pain Medicine en 2024 analizó precisamente este comportamiento en forma de U en la relación entre dosis y respuesta.

En el caso del THC, por ejemplo, cantidades relativamente bajas pueden resultar relajantes para algunas personas, mientras que dosis mayores pueden favorecer ansiedad, inquietud, palpitaciones o pensamientos repetitivos.

Trasladado al ámbito sexual, el concepto adquiere especial relevancia.

Si la ansiedad o la tensión dificultan la intimidad, una determinada experiencia subjetiva de relajación podría facilitarla.

Pero si la dosis genera exactamente lo contrario —ansiedad, taquicardia, desconexión corporal o incomodidad— el resultado puede ser completamente diferente.

Por eso comparar simplemente consumidores contra no consumidores puede ocultar una parte fundamental de la historia.

La pregunta no es solamente qué cannabinoide consume una persona, sino cuánto, cómo, en qué contexto y con qué expectativas.

Y acá aparece el gran problema del CBD

La mayor parte de los estudios utilizados para hablar de cannabis y sexualidad involucran cannabis con THC.

Eso significa que sus resultados no pueden trasladarse automáticamente al CBD.

El cannabidiol tiene propiedades farmacológicas diferentes y la investigación específica sobre CBD y sexualidad es considerablemente más limitada.

Existe literatura sobre CBD y ansiedad, por ejemplo. Una revisión de Blessing y colaboradores publicada en Neurotherapeutics en 2015 analizó precisamente ese campo.

Pero incluso allí hay que distinguir entre resultados preclínicos y evidencia clínica sólida en seres humanos.

Por eso existe una hipótesis interesante, aunque todavía no demostrada: si determinadas personas experimentan dificultades sexuales relacionadas con la ansiedad o la tensión, una eventual acción del CBD sobre esos factores podría influir indirectamente sobre la experiencia sexual.

Eso es una hipótesis.

No demuestra que el CBD aumente el deseo.

Tampoco demuestra que produzca orgasmos más intensos.

Y mucho menos permite garantizar resultados con un lubricante determinado.

Los lubricantes con CBD necesitan más investigación

Los lubricantes con cannabidiol se convirtieron en una categoría creciente dentro del mercado.

Según la revisión publicada por Hanf Magazin, muchos productos contienen entre 100 y 300 miligramos de CBD por envase y se promocionan atribuyéndoles efectos relajantes o mejoras en la sensibilidad.

Pero actualmente faltan estudios clínicos capaces de demostrar de manera sólida esos efectos cuando el CBD se aplica de forma tópica o vaginal.

También existe una cuestión farmacológica importante.

La absorción de cannabinoides a través de la piel es limitada y las mucosas tienen características diferentes a la piel externa. Sin embargo, todavía faltan datos suficientes para determinar con precisión cuánto CBD atraviesa las mucosas genitales, cuánto llega a los tejidos y qué efecto local produce.

En otras palabras: que un producto contenga CBD no significa que sepamos exactamente qué cantidad llega al lugar donde se supone que debería actuar.

El dato que puede ser más importante que el CBD

Para quienes utilizan preservativos, hay una cuestión práctica que merece mucha más atención que la cantidad de cannabidiol declarada en el envase.

La base del lubricante.

Los lubricantes oleosos pueden deteriorar el látex y reducir la resistencia del preservativo. Por eso, cuando se utiliza un preservativo de látex, deben preferirse lubricantes compatibles, generalmente formulados con base acuosa o de silicona.

El problema es que muchos productos con CBD utilizan aceites como vehículo porque el cannabidiol es liposoluble.

La etiqueta puede decir 100, 200 o 300 miligramos de CBD.

Pero si la persona está utilizando preservativo de látex, la primera pregunta debería ser otra:

¿Este lubricante es compatible con el preservativo?

La seguridad sexual empieza bastante antes del orgasmo.

Una segunda cuestión es la irritación

Las mucosas genitales también pueden reaccionar de manera diferente a la piel.

Ingredientes como perfumes, determinados conservantes u otros componentes de una fórmula pueden generar irritación aunque sean perfectamente tolerados en otras zonas del cuerpo.

Por eso, para un producto destinado a uso íntimo, revisar la lista completa de ingredientes puede ser mucho más importante que mirar únicamente la concentración de CBD.

CBD, medicamentos y otra letra chica

Existe además un aspecto que suele desaparecer de la publicidad: las posibles interacciones farmacológicas.

El CBD puede intervenir sobre sistemas enzimáticos hepáticos involucrados en el metabolismo de numerosos medicamentos. Este fenómeno adquiere especial relevancia con determinadas dosis y formas de administración.

Por eso, una persona que utiliza medicación regularmente debería consultar con un profesional de la salud antes de incorporar CBD, especialmente en dosis elevadas o por vía interna.

La frase "es natural, por lo tanto no tiene efectos secundarios" pertenece al terreno de la publicidad, no al de la farmacología.

Cannabis, sexo y reducción de daños

También existe una dimensión conductual.

Las investigaciones sobre consumo de sustancias y comportamiento sexual han observado asociaciones entre el consumo previo a las relaciones y una mayor probabilidad de adoptar determinadas conductas de riesgo, como utilizar preservativo con menor frecuencia.

Eso no significa que el cannabis provoque automáticamente sexo inseguro.

Significa que cualquier sustancia capaz de modificar la percepción, la atención o la toma de decisiones puede influir en el contexto en el que se toman determinadas decisiones.

La reducción de daños consiste precisamente en anticiparse a ese escenario.

Planificar la protección, evitar mezclar sustancias cuando eso pueda aumentar los riesgos y conocer los efectos individuales son medidas mucho más útiles que cualquier promesa de marketing.

La ciencia todavía está escribiendo este capítulo

La investigación disponible permite afirmar algo bastante concreto: existe una relación biológica entre el sistema endocannabinoide y la respuesta sexual.

También existen estudios observacionales que encuentran asociaciones entre el consumo de cannabis y determinados indicadores de actividad o función sexual.

Pero cuando la pregunta se vuelve más específica —¿el CBD mejora el deseo?, ¿aumenta la sensibilidad?, ¿produce mejores orgasmos?, ¿un lubricante con CBD funciona mejor que uno convencional?— la evidencia se vuelve mucho más delgada.

Y ahí es precisamente donde el mercado suele correr más rápido que la ciencia.

Para Radio Sativa, esa diferencia importa.

Desestigmatizar el cannabis no significa convertir cada cannabinoide en una solución milagrosa. Significa poder hablar de sus potencialidades, sus límites y sus riesgos sin prejuicios y sin marketing disfrazado de evidencia.

El cannabis merece investigación seria.

El CBD también.

Y la sexualidad merece algo todavía más básico: información de calidad para que cada persona pueda tomar decisiones responsables sobre su propio cuerpo.

La revolución cannábica también se construye aprendiendo a distinguir una investigación científica de una etiqueta brillante.

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