San Juan pone al cáñamo industrial bajo la lupa para transformar su matriz agrícola
El INTA San Juan analiza 28 variedades de cáñamo para encontrar las que mejor respondan al clima provincial. Agua, genética, semillas e industria aparecen como las claves de un cultivo que busca hacerse un lugar en la agricultura argentina.
El cáñamo industrial empieza a ocupar un lugar concreto dentro de la agenda de investigación agropecuaria de San Juan. El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) desarrolla ensayos en su Estación Experimental Agropecuaria de Pocito para determinar qué variedades de Cannabis sativa L. pueden adaptarse mejor a las condiciones agroclimáticas de la provincia.
El trabajo forma parte de la Red de Cáñamo Industrial, integrada por técnicos de nueve provincias argentinas. En San Juan participan la Dra. Mariana Balmaceda, Eduardo Soria, el Lic. Martín Carrizo, la Dra. Mónica Ruiz y la Lic. Sandra Páez, responsable técnica provincial de la Red de Cultivares de Cáñamo Industrial y responsable del Laboratorio de Fisiología Vegetal del INTA San Juan.
El objetivo es concreto: dejar de pensar al cáñamo solamente como una posibilidad y comenzar a generar conocimiento agronómico propio que permita determinar qué genética funciona, cuánto agua necesita, qué rendimiento puede alcanzar y qué destino productivo resulta más conveniente para la región.
La Ley 27.669 abrió una nueva etapa
El marco que permitió avanzar con este tipo de investigación es la Ley Nacional 27.669, que estableció el régimen regulatorio para el desarrollo de la industria del cannabis medicinal y el cáñamo industrial.
En el esquema normativo argentino, el cáñamo industrial se diferencia de otros cultivos de cannabis por su contenido de THC, que debe encontrarse por debajo del límite establecido por la regulación correspondiente. Esta diferenciación permitió encuadrar actividades de investigación, producción y comercialización dentro de un marco específico.
A partir de ese escenario, productores comenzaron a acercarse al INTA para buscar asesoramiento técnico. La respuesta fue la creación de una red nacional capaz de comparar variedades y resultados en distintas regiones del país.
Es un paso importante porque el cáñamo necesita algo que la industria agrícola conoce muy bien: datos locales.
Una genética que funciona en Europa puede comportarse de manera completamente diferente en Cuyo. Y justamente ahí aparece uno de los principales desafíos de San Juan.
28 variedades para encontrar la genética adecuada
Los ensayos realizados en Pocito incluyeron 28 variedades provenientes de semillas proporcionadas por dos empresas privadas a la red y de un lote adquirido por el propio INTA mediante fondos de un proyecto FONDAGRO.
El diseño experimental fue aleatorizado y se realizó sin restricción hídrica, con el objetivo de observar el comportamiento agronómico de cada material bajo las condiciones locales.
Entre las variedades estudiadas aparecen materiales europeos, asiáticos —incluidos ejemplares de origen chino—, polacos y franceses.
La comparación también se replica en otras regiones argentinas. La misma semilla puede ser evaluada en distintos puntos del país para establecer cómo responde frente a diferentes temperaturas, latitudes, disponibilidad hídrica y condiciones de cultivo.
El resultado puede ser decisivo para el futuro del sector.
La Red de Cultivares de Cáñamo apunta a identificar los materiales con mejor adaptación y, posteriormente, avanzar hacia un programa de mejoramiento genético propio.
El dato que interesa al productor está debajo de la tierra
Uno de los aspectos más interesantes de la experiencia sanjuanina es el consumo de agua.
De acuerdo con los ensayos citados por Diario de Cuyo, el ciclo del cáñamo estudiado ronda los 120 días y requiere aproximadamente entre 200 y 400 milímetros de agua durante todo su desarrollo.
En algunas variedades se registraron plantas de hasta cuatro metros de altura.
El requerimiento nutricional señalado para el cultivo se concentra principalmente en nitrógeno, con valores estimados de entre 150 y 190 kilogramos por hectárea.
El INTA incluso establece una comparación particularmente interesante: frente al algodón, utilizado como referencia para la producción de fibra textil, los ensayos indican que el cáñamo podría requerir aproximadamente diez veces menos agua para producir una cantidad equivalente de fibra.
Además, hasta el momento de los ensayos mencionados, la red no había registrado problemas relevantes de plagas que obligaran al uso de fitosanitarios.
Para una provincia donde la administración del recurso hídrico es un factor estratégico, estos datos explican por qué el cultivo despierta interés.
San Juan tiene una ventaja y también un límite
El clima sanjuanino presenta una característica que puede ser favorable para determinadas etapas del cultivo, pero que también complica una de las aplicaciones industriales tradicionales del cáñamo.
La producción de fibra textil requiere un proceso denominado enriado, mediante el cual se degradan determinadas capas del tallo para facilitar la separación de las fibras largas.
Ese procedimiento necesita humedad ambiental y actividad microbiana.
Y ahí aparece el problema: el clima extremadamente seco de San Juan dificulta el proceso.
Por esa razón, la investigación provincial está concentrando buena parte de su atención en la producción de semillas, tanto para futuras siembras como para aplicaciones alimentarias.
El abanico incluye productos como grano de cáñamo, harina y aceite.
La estrategia demuestra algo fundamental para cualquier emprendimiento agrícola: desarrollar una cadena productiva no significa necesariamente copiar el modelo de otra región. Significa encontrar el producto que mejor encaja con el territorio.
Del campo al alimento, el automóvil y la construcción
El cáñamo industrial presenta una característica que lo diferencia de numerosos cultivos tradicionales: prácticamente cada parte de la planta puede encontrar un destino industrial.
La fibra puede utilizarse en la fabricación de textiles y determinados materiales técnicos. En Europa también existen aplicaciones en autopartes y producción de papel.
Los residuos provenientes de la fibra pueden incorporarse a materiales para construcción, mientras que sus características térmicas permiten desarrollar productos con capacidad de aislamiento.
También existen aplicaciones en la elaboración de jabones, champús y otros productos industriales.
Esta diversidad es precisamente la que convierte al cáñamo en algo más que un cultivo.
El verdadero potencial aparece cuando alrededor de la planta comienza a construirse una cadena de valor.
La semilla puede convertirse en el próximo negocio
Para los productores interesados, uno de los datos más importantes es que, según el INTA San Juan, un productor provincial ya se encuentra en condiciones de avanzar con la siembra de cáñamo con fines comerciales, aunque todavía existen aspectos técnicos y administrativos que deben continuar desarrollándose.
Uno de ellos es el costo real de producción.
Los ensayos realizados hasta ahora utilizaron sistemas de riego por goteo, una tecnología eficiente pero de mayor costo relativo. Una vez determinada la genética más apropiada, la red estudia evaluar sistemas de riego por manga, que podrían reducir costos aunque implicarían una mayor demanda de agua.
Para cualquier proyecto agrícola, esta información es fundamental.
No alcanza con saber cuánto produce una planta. Hay que conocer cuánto cuesta producirla, qué rendimiento genera por hectárea, qué infraestructura requiere, qué mercado existe para cada subproducto y cuál es el margen económico posible.
Ese análisis todavía está en construcción en San Juan.
La trazabilidad será una pieza central
El desarrollo comercial tampoco queda exclusivamente en manos del productor.
Para la producción comercial, los interesados deben cumplir con los requisitos correspondientes vinculados al origen y trazabilidad de la semilla utilizada.
El INTA también señala que uno de los puntos que actualmente genera demoras es la inscripción de nuevas variedades en el Registro Nacional de Cultivares. Según explicó Sandra Páez al medio sanjuanino, el trámite de inscripción de nuevos materiales lleva varios meses de retraso.
Mientras tanto, algunas variedades ya consiguieron ingresar al registro.
Entre ellas figuran las polacas Henola y Bialobrzeskie, aunque su desempeño registrado corresponde especialmente a regiones ubicadas alrededor de los 40 grados de latitud sur.
San Juan se encuentra aproximadamente en los 31 grados, razón por la cual el hecho de que una variedad funcione bien en el sur argentino no garantiza que sea la mejor opción para Cuyo.
Y justamente ahí está el valor de la investigación local.
Cáñamo y cannabis medicinal vuelven a encontrarse
La investigación sanjuanina también abre una conexión directa con el desarrollo del cannabis medicinal.
Durante esta campaña y la próxima, el laboratorio del INTA prevé analizar el contenido de CBD en semillas y aceites de las variedades estudiadas.
El trabajo se realizará en articulación con CANME, la empresa estatal sanjuanina vinculada al cannabis medicinal, cuyos laboratorios participarán de los análisis.
El objetivo científico permite ampliar el conocimiento sobre la composición de las distintas variedades y sus posibles aplicaciones, sin confundir los destinos productivos del cáñamo industrial con los del cannabis medicinal.
Es justamente esta diferenciación la que permite construir una industria seria: cada genética, cada cultivo y cada producto deben estar asociados a un destino, una normativa y un estándar de calidad determinado.
El próximo paso es producir conocimiento propio
La Red de Cultivares de Cáñamo Industrial prepara una nueva ronda de evaluación de variedades para octubre, financiada mediante un proyecto PDTS.
También se prevé incorporar ensayos sobre fechas de siembra, mientras que los estudios vinculados al consumo hídrico podrían ampliarse una vez identificada la genética con mejor comportamiento provincial.
A esto se suma otra línea de investigación desarrollada por el INTA San Juan: la posibilidad de utilizar el cáñamo en procesos de fitorremediación, aprovechando su capacidad para acumular determinados metales pesados.
El escenario que empieza a dibujarse es, entonces, bastante más amplio que una simple parcela experimental.
San Juan está intentando responder una pregunta que puede ser determinante para el futuro del cultivo en Argentina: qué cáñamo funciona realmente en nuestro territorio y qué cadena productiva podemos construir alrededor de él.
La respuesta todavía está creciendo entre surcos, ensayos, análisis de laboratorio y semillas.
Y quizás ese sea justamente el dato más interesante.
Porque antes de que exista una gran industria del cáñamo, tiene que existir algo mucho menos espectacular pero infinitamente más importante: conocimiento argentino capaz de sostenerla.
El futuro también se cultiva
La experiencia del INTA San Juan muestra que el cáñamo industrial comienza a abandonar el terreno de las promesas para entrar en una etapa de mediciones, genética, trazabilidad, costos y desarrollo productivo.
Para productores, investigadores y empresas, cada campaña puede aportar una pieza nueva de una cadena de valor todavía en construcción.
El desafío será transformar esos datos en variedades adaptadas, cultivos eficientes y productos con valor agregado. El campo argentino ya está haciendo las preguntas. Ahora comienza la etapa de encontrar las respuestas.
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