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Uruguay vuelve a colocar al cannabis en el centro del debate público, pero esta vez desde un lugar diferente al de la legalización. El Instituto de Regulación y Control del Cannabis (IRCCA) lanzó ConCiencia, una campaña nacional destinada a brindar información y promover decisiones responsables alrededor del consumo de cannabis.

La iniciativa llega después de más de una década de regulación. Desde 2013, Uruguay permite el acceso al cannabis de uso adulto a través de un sistema regulado que incluye la venta en farmacias, además del autocultivo y los clubes de membresía.

El nuevo enfoque parte de una premisa sencilla: que una sustancia sea legal no significa que todas las formas de utilizarla tengan el mismo nivel de riesgo.

Por eso, el IRCCA decidió concentrar su campaña en reducción de riesgos y en situaciones concretas que pueden modificar considerablemente la experiencia y sus consecuencias.

Las piezas de ConCiencia abordan especialmente cuatro escenarios: jóvenes, trabajo, conducción y consumo.

La edad aparece como uno de los principales factores

Uno de los datos destacados por el IRCCA y el Observatorio Uruguayo de Drogas es que la edad promedio de inicio del consumo de cannabis entre jóvenes uruguayos se ubica alrededor de los 15 años.

La campaña advierte que comenzar durante la adolescencia puede incrementar determinados riesgos relacionados con memoria, concentración, aprendizaje y salud mental.

La guía de reducción de riesgos del instituto pone especial atención en quienes comienzan antes de los 16 años y recomienda postergar el consumo hasta después de la adolescencia. El argumento está relacionado, entre otros factores, con el proceso de desarrollo cerebral, que continúa hasta mediados de los 20 años.

Para la comunicación pública, esto representa un cambio importante: en lugar de limitarse a decirle a la población qué está permitido, el Estado intenta explicar en qué circunstancias el consumo puede resultar más riesgoso.

Potencia, frecuencia y composición importan

Uno de los aspectos más interesantes de las recomendaciones uruguayas es que no presentan al cannabis como una sustancia homogénea.

El IRCCA señala que la concentración de tetrahidrocannabinol (THC) es un factor relevante. Los productos con concentraciones elevadas de THC están asociados, según la guía, con una mayor probabilidad de determinados problemas agudos y de largo plazo, especialmente cuando se combinan con otros factores de riesgo.

Los extractos y concentrados merecen especial atención debido a sus elevados niveles potenciales de THC.

Pero el documento también incorpora una precisión importante para comprender la complejidad de la planta: otros cannabinoides, incluido el cannabidiol (CBD), pueden atenuar algunos efectos del THC. Por esa razón, la guía recomienda priorizar productos con una proporción de CBD superior a la de THC cuando se busca reducir determinados riesgos.

Esta distinción resulta especialmente relevante para una industria que avanza hacia productos cada vez más específicos y formulaciones donde la relación entre cannabinoides comienza a ser un elemento central.

No existe, entonces, un único “cannabis” desde el punto de vista de sus efectos. La variedad, composición, concentración, vía de administración, frecuencia y características de la persona forman parte del escenario.

Menos frecuencia también significa menor exposición al riesgo

Otro de los puntos centrales de ConCiencia es la frecuencia.

Según las recomendaciones difundidas por el IRCCA, los patrones de consumo frecuente o intensivo están relacionados con una mayor probabilidad de desarrollar problemas asociados al consumo, dependencia y determinados problemas de salud mental, además de incrementar los riesgos vinculados con la conducción y las lesiones.

La guía plantea que, para quienes deciden consumir, hacerlo de manera ocasional constituye una estrategia de reducción de riesgos frente a patrones más frecuentes.

Es una diferencia fundamental respecto de las campañas tradicionales basadas exclusivamente en la prohibición: la reducción de daños trabaja sobre la realidad del comportamiento humano y busca disminuir las consecuencias negativas cuando una persona decide consumir.

Cannabis y conducción requieren una separación clara

Uno de los mensajes más contundentes de la campaña está destinado a la seguridad vial.

El IRCCA advierte que el cannabis puede afectar la atención, los tiempos de reacción y el control psicomotor. Según las pautas difundidas por el organismo, el riesgo de siniestros de tránsito puede ser entre dos y tres veces mayor entre conductores bajo los efectos del cannabis.

Por eso, la recomendación es concreta: no conducir ni operar maquinaria durante al menos seis horas después del consumo, además de evitar la combinación con alcohol.

Este punto resulta particularmente importante porque la regulación responsable del cannabis también implica establecer límites claros entre el consumo adulto y aquellas actividades donde una alteración psicomotora puede poner en peligro a otras personas.

También hay lugar para saber qué hacer ante una mala experiencia

La campaña incorpora información práctica para situaciones de consumo problemático o efectos desagradables.

Entre las posibles respuestas agudas mencionadas por el IRCCA aparecen ansiedad, pánico, paranoia, nerviosismo, confusión, cansancio y disminución de la capacidad de concentración.

Ante una persona que atraviesa un episodio de ansiedad o pánico, el instituto recomienda llevarla a un lugar tranquilo, no dejarla sola y utilizar un tono tranquilizador. Si aparecen mareos, vómitos o una disminución de la presión arterial, recomienda recostarla con las piernas elevadas y la cabeza de costado, y buscar asistencia médica si los síntomas persisten.

Es información sencilla, pero tiene un enorme valor dentro de una política de reducción de daños: saber qué hacer también es prevención.

El contexto personal también cuenta

La guía uruguaya identifica además determinados grupos para los cuales recomienda evitar el consumo, entre ellos personas con antecedentes familiares de primer grado de psicosis o trastornos por consumo de sustancias, embarazadas o personas en período de lactancia y quienes presentan determinadas enfermedades o atraviesan situaciones psicológicas particulares.

También recomienda especial precaución en personas que utilizan medicamentos, debido a la posibilidad de interacciones y a que cada situación clínica requiere evaluación profesional.

Esto refuerza una idea fundamental para una cultura cannábica madura: la respuesta frente al cannabis no es idéntica para todas las personas.

Regular también significa aprender

Después de más de 13 años de experiencia regulatoria, Uruguay continúa ajustando su modelo.

La campaña ConCiencia representa, en ese sentido, una evolución lógica: una política de regulación no termina cuando el producto llega a una farmacia. También requiere educación, información verificable, prevención, controles y herramientas para que los adultos puedan tomar decisiones con mayor conocimiento.

Para cultivadores, productores, dispensarios, clubes y empresas vinculadas al sector, el mensaje también resulta significativo. Una industria responsable necesita consumidores informados y productos correctamente identificados, con información clara sobre composición, potencia y formas de utilización.

Para quienes trabajan con cannabis medicinal o productos ricos en CBD, además, resulta fundamental distinguir entre uso adulto, uso terapéutico y consumo problemático, evitando generalizaciones que terminan confundiendo más de lo que informan.

La reducción de riesgos tampoco significa presentar al cannabis como una sustancia inocua. Significa algo bastante más útil: conocer qué aumenta el riesgo y actuar en consecuencia.

Uruguay vuelve a demostrar que la regulación del cannabis es un proceso dinámico. La próxima etapa no consiste solamente en discutir si el cannabis debe ser legal o ilegal, sino en construir una cultura capaz de convivir con una planta regulada desde la información, la responsabilidad y el conocimiento.

Y ahí aparece una oportunidad enorme para toda Latinoamérica: pasar del viejo esquema de miedo y estigmatización a una conversación adulta sobre calidad, composición, contexto, prevención y reducción de daños.

Una industria responsable necesita información responsable

El cannabis regulado plantea nuevos desafíos, pero también abre la puerta a una relación mucho más transparente entre consumidores, productores, profesionales, investigadores y organismos públicos.

Informarse es parte del consumo responsable. Y conocer los riesgos no invalida las potencialidades de la planta: permite utilizarlas con mayor criterio.

Seguimos construyendo cultura cannábica con información, ciencia y responsabilidad.

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