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Una montaña de biomasa que necesita un mercado

La industria estadounidense del cáñamo atraviesa una paradoja: produce más materia vegetal, pero todavía existen mercados insuficientes para absorberla.

Según datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) citados en el informe, la producción de cáñamo destinado a flor alcanzó 33,2 millones de libras en 2025, unos 15 millones de kilogramos, lo que representa un crecimiento del 60% respecto de 2024.

El fenómeno está relacionado con la expansión del cultivo de cáñamo rico en CBD después de la Farm Bill de 2018, que abrió un nuevo escenario productivo en Estados Unidos. El crecimiento de la oferta, sin embargo, avanzó más rápido que la demanda de determinados productos derivados de cannabinoides.

El resultado fue una acumulación de biomasa, especialmente después de las cosechas y de los procesos de extracción.

Ahora la industria empieza a mirar hacia un sector gigantesco y permanente: la producción de alimentos para animales.

De residuo agrícola a ingrediente funcional

Entre los materiales que están siendo estudiados aparecen la harina de semilla de cáñamo, la torta de semilla, las hojas y determinadas fracciones de biomasa remanente del procesamiento.

La semilla presenta particular interés nutricional. La torta obtenida después de la extracción del aceite contiene aproximadamente 34% de proteína cruda y 12,7% de lípidos residuales, además de un perfil de ácidos grasos que ha despertado interés como fuente proteica para animales rumiantes.

Las hojas también poseen valor nutricional: contienen alrededor de 13% de proteína cruda, además de una cantidad importante de fibra.

En ganado lechero, distintos ensayos han encontrado resultados que justifican continuar investigando. Un estudio citado en el informe observó que dietas con hasta 143 gramos de torta de semilla de cáñamo por kilogramo de materia seca podían incrementar la producción de leche corregida por energía. Sin embargo, con niveles superiores de inclusión se observaron modificaciones en las proporciones de grasa y proteína de la leche.

Otro trabajo realizado por investigadores de la Universidad de Manitoba encontró que la harina de cáñamo podía sustituir harina de canola hasta aproximadamente 10,2% de la materia seca de la dieta, sin efectos adversos observados sobre consumo, fermentación ruminal, digestibilidad o metabolitos sanguíneos.

La clave está en que no toda biomasa de cáñamo es equivalente. La semilla, una harina desgrasada o una biomasa que atravesó una extracción de cannabinoides presentan composiciones y riesgos regulatorios completamente diferentes.

El gran problema son los cannabinoides

Aquí aparece la frontera científica y regulatoria que todavía limita la expansión de esta alternativa.

El THC y el CBD pueden transferirse desde el alimento hacia los animales y posteriormente hacia productos destinados al consumo humano.

Un estudio realizado en 2022 con ganado lechero detectó THC, CBD y compuestos relacionados en la leche después de que los animales consumieran ensilaje de cáñamo. Posteriormente, un experimento de la Oregon State University administró durante 28 días una dieta que contenía 13% de biomasa de cáñamo a nueve vacas Jersey. Los investigadores detectaron cannabinoides en la leche durante la alimentación, aunque dejaron de detectarlos aproximadamente 12 días después de retirar el cáñamo de la dieta.

En ganado destinado a carne también se estudiaron los efectos de la alimentación con cáñamo. En uno de estos trabajos no se observaron efectos perjudiciales sobre comportamiento o aumento de peso, pero sí se registró acumulación de cannabinoides en el tejido adiposo. Los compuestos disminuyeron posteriormente durante un período de retiro de 33 días, aunque permanecieron trazas de CBD.

Esto convierte a los períodos de retiro, límites de inclusión, trazabilidad y métodos analíticos en elementos fundamentales para cualquier eventual desarrollo comercial.

Estados Unidos ya dio un primer paso

Uno de los avances regulatorios más importantes ocurrió en 2025, cuando la Association of American Feed Control Officials (AAFCO) reconoció la harina de semilla de cáñamo obtenida mecánicamente como ingrediente para alimento destinado a gallinas ponedoras.

La autorización contempla una inclusión de hasta 20% de la dieta, siempre que el ingrediente no supere 20 partes por millón de CBD total y 2 partes por millón de THC total.

Pero hay una diferencia fundamental: esta decisión no equivale a una autorización general para utilizar cualquier derivado del cáñamo en alimentación animal.

Los ingredientes ricos en CBD y la biomasa que queda después de la extracción de cannabinoides continúan enfrentando interrogantes regulatorios y de seguridad.

La Food and Drug Administration (FDA) mantiene preocupaciones sobre la utilización de CBD y otros cannabinoides en alimentos para animales, debido a cuestiones de seguridad que todavía requieren evidencia adicional.

Una oportunidad para cerrar el círculo productivo

Para la industria, el potencial económico es evidente.

Si una planta puede generar fibra, semillas, aceites, cannabinoides, materiales industriales y eventualmente ingredientes para alimentación animal, cada fracción aprovechada puede mejorar la eficiencia económica del cultivo.

En particular, la utilización de subproductos con bajos niveles de cannabinoides podría abrir una nueva fuente de ingresos para procesadores que actualmente deben afrontar el costo de gestionar grandes cantidades de material residual.

Pero convertir biomasa de descarte en alimento no significa simplemente cambiarle la etiqueta.

El desarrollo necesita estudios toxicológicos, protocolos de procesamiento, límites de cannabinoides, análisis de residuos, trazabilidad, ensayos por especie animal y marcos regulatorios específicos.

La investigación recién está construyendo ese mapa.

Un mercado que todavía está fragmentado

Estados Unidos presenta además una situación regulatoria heterogénea. Diferentes estados —entre ellos Alaska, Tennessee, Nueva Jersey, Ohio, Virginia Occidental, Montana, Kentucky, Oklahoma, Texas y Virginia— han adoptado políticas relacionadas con determinados productos derivados del cáñamo destinados a alimentación animal.

La situación también varía internacionalmente.

En Canadá existen evaluaciones específicas para ingredientes destinados a alimentación animal. En la Unión Europea, determinadas variedades de cáñamo con bajo contenido de THC pueden cultivarse bajo el marco agrícola correspondiente y algunos productos derivados de la semilla pueden ingresar al mercado de piensos bajo las normas existentes. Australia, en cambio, mantiene restricciones sobre el uso del cáñamo industrial como alimento para ganado, aunque el tema se encuentra bajo revisión.

Esto muestra que el verdadero desafío no es solamente demostrar que el cáñamo puede alimentar animales, sino establecer qué parte de la planta, procesada de qué manera, en qué cantidad, para qué especie y bajo qué controles puede hacerlo de manera segura.

La próxima frontera de la economía circular del cáñamo

El excedente de biomasa fue durante años uno de los problemas económicos de la expansión del cáñamo estadounidense. Ahora podría convertirse en una oportunidad para desarrollar nuevos mercados.

La alimentación animal aparece como una de las vías posibles, especialmente para subproductos de semillas y fracciones con bajos niveles de cannabinoides. La biomasa rica en CBD o proveniente de procesos de extracción todavía necesita mucha más evidencia antes de convertirse en un ingrediente de uso generalizado.

Para productores y empresarios cannábicos, la señal es interesante: la rentabilidad futura del cáñamo puede depender cada vez menos de un único producto y cada vez más de la capacidad de aprovechar integralmente la planta.

Del campo al alimento, del residuo al recurso, el cáñamo vuelve a demostrar que una economía verdaderamente circular empieza cuando dejamos de pensar en una cosecha como un único producto y empezamos a mirar todo lo que todavía queda después de cosechar.

La industria del cáñamo todavía está aprendiendo cuánto valor puede esconder una planta que, hasta hace poco, muchos consideraban simplemente biomasa sobrante.

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