Escuchar artículo

La psilocibina, el compuesto psicoactivo presente en numerosas especies de hongos del género Psilocybe, vuelve a captar la atención de la comunidad científica. Esta vez, el escenario de investigación no es un laboratorio clínico con pacientes humanos, sino un experimento con peces conocidos por su comportamiento territorial y agresivo.

Un equipo de investigadores de Canadá estudió los efectos de esta sustancia en el mangrove rivulus (Kryptolebias marmoratus), un pequeño pez anfibio que presenta interacciones sociales intensas y respuestas agresivas frente a otros individuos de su especie.

Los resultados fueron publicados en la revista científica Frontiers in Behavioral Neuroscience bajo el título The magic of mushrooms: psilocybin influences behavior in the mangrove rivulus fish, Kryptolebias marmoratus. El trabajo fue firmado por Dayna Forsyth, Nicola Faraone, Simon G. Lamarre y Suzie Currie, entre otros datos identificatorios del estudio, y fue publicado el 7 de mayo de 2026.

La investigación encontró que una exposición breve a la psilocibina redujo significativamente la actividad general de los peces y la frecuencia de los movimientos rápidos asociados con la escalada de la agresión. Sin embargo, otras conductas sociales se modificaron poco, lo que sugiere que el efecto no consistió simplemente en suprimir todas las respuestas de los animales.

Cómo se realizó el experimento y qué observaron los científicos

El trabajo se desarrolló en instalaciones de investigación de la Acadia University en Wolfville, Nueva Escocia, Canadá, con la colaboración de especialistas de la Université de Moncton y la University of British Columbia. El equipo estuvo integrado por Dayna Forsyth, Nicoletta Faraone, Simon G. Lamarre y Suzanne Currie, investigadora del Departamento de Biología de la Universidad de Columbia Británica.

El Kryptolebias marmoratus es una especie particularmente interesante para la investigación del comportamiento. Puede vivir en ambientes de manglares y zonas costeras, tolera condiciones ambientales variables y presenta una característica reproductiva excepcional: muchas de sus poblaciones están formadas por individuos hermafroditas capaces de autofecundarse. Esto permite trabajar con linajes genéticamente muy uniformes y estudiar con mayor precisión la influencia de una sustancia sobre la conducta.

Para el experimento conductual, los científicos utilizaron peces adultos de dos linajes genéticamente diferenciados y compararon sus respuestas antes y después de la exposición a la psilocibina. El diseño contempló 16 individuos por grupo experimental y de control.

La administración se realizó mediante inmersión en agua salada con el compuesto disuelto. Los investigadores probaron inicialmente concentraciones de 500, 1.000 y 3.000 microgramos por litro, y seleccionaron la más alta de esas concentraciones para evaluar la respuesta conductual.

Los peces recibieron una exposición de 20 minutos a una concentración de 3.000 µg/L. Luego fueron evaluados en presencia de otro ejemplar de su especie, con el que podían interactuar visual y químicamente, pero sin entrar en contacto físico debido a una barrera de malla.

El equipo registró diferentes indicadores, entre ellos el tiempo de movimiento, las exhibiciones frontales y laterales, el tiempo dedicado a la interacción y la frecuencia de los movimientos rápidos dirigidos hacia el otro pez. Estos últimos se consideraron un indicador de escalada agresiva.

Los resultados mostraron una disminución significativa de la frecuencia de esos movimientos de ataque y de la actividad general. En cambio, otras señales de comunicación social presentaron variaciones modestas.

La distinción es importante: los investigadores observaron una reducción selectiva de determinadas respuestas agresivas, no una desaparición general del comportamiento social.

La relación entre la psilocibina y la serotonina

Para comprender por qué este resultado despierta interés, hay que observar cómo actúa la psilocibina en el organismo.

La psilocibina es un compuesto que, tras ingresar al cuerpo, se transforma en psilocina, su metabolito psicoactivo. Esta molécula interactúa con receptores de serotonina, especialmente con el receptor 5-HT2A estudiado en mamíferos, un sistema relacionado con procesos como la percepción, el estado de ánimo y distintos aspectos del comportamiento.

La serotonina también participa en la regulación de respuestas conductuales en diversas especies animales. Sin embargo, las relaciones entre neurotransmisores, agresividad y conducta social son complejas: dependen de la especie, el contexto ambiental, la dosis y otros factores biológicos.

En el estudio canadiense, los investigadores analizaron los efectos conductuales y midieron la presencia de psilocibina y psilocina en los tejidos de los peces mediante técnicas de cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas (LC-MS). Esto permitió estudiar la absorción del compuesto, además de observar las respuestas de los animales.

La investigación aporta evidencia experimental sobre la influencia de la psilocibina en la conducta de un vertebrado. Sin embargo, los mecanismos neuronales específicos responsables de los cambios observados todavía requieren nuevas investigaciones.

Qué significa este hallazgo para la investigación psicodélica

El interés científico por la psilocibina creció en los últimos años debido a las investigaciones sobre sus posibles aplicaciones en salud mental, particularmente en determinados cuadros de depresión y otros trastornos que afectan el bienestar emocional.

Este experimento amplía el campo de estudio hacia una pregunta diferente: ¿es posible comprender mejor los mecanismos biológicos que regulan la agresividad sin alterar de manera generalizada las interacciones sociales?

La respuesta todavía está en construcción. El trabajo ofrece una herramienta experimental para investigar esa relación, pero no demuestra que la psilocibina pueda utilizarse para controlar la agresividad en seres humanos.

Hay limitaciones relevantes. El estudio se realizó en una sola especie, examinó una exposición aguda y evaluó cambios conductuales durante un período breve. Tampoco estableció la duración de los efectos, las consecuencias de exposiciones repetidas ni la seguridad de una eventual intervención clínica en personas.

Por lo tanto, trasladar estos resultados directamente a tratamientos humanos sería prematuro. La investigación básica cumple precisamente esa función: construir evidencia, identificar mecanismos y establecer qué preguntas deben responderse antes de considerar aplicaciones clínicas.

Hongos, neurociencia y nuevas posibilidades

El estudio publicado en Frontiers in Behavioral Neuroscience demuestra que los hongos psilocibios continúan aportando preguntas relevantes para la ciencia contemporánea. La investigación rigurosa de sus compuestos puede contribuir a comprender procesos neurobiológicos que todavía conocemos de manera incompleta.

Desarrollar ese conocimiento requiere distinguir entre resultados experimentales, hipótesis y aplicaciones terapéuticas demostradas. También exige superar los prejuicios históricos que han condicionado el estudio de las sustancias psicodélicas, sin reemplazarlos por expectativas exageradas.

En Radio Sativa creemos que la información científica, la reducción de daños y el acceso responsable al conocimiento son fundamentales para construir una cultura más consciente sobre las plantas y los hongos.

¿Qué te parece este hallazgo? ¿Creés que la investigación con psicodélicos puede ayudar a comprender mejor la conducta y las emociones? Sumate a la conversación, seguinos en las redes y escuchanos en radiosativa.com.ar para descubrir más investigaciones sobre cannabis, cáñamo, hongos y ciencia.

Forsyth D, Faraone N, Lamarre SG and Currie S (2026) The magic of mushrooms: psilocybin influences behavior in the mangrove rivulus fish, Kryptolebias marmoratus. Front. Behav. Neurosci. 20:1767175. doi: 10.3389/fnbeh.2026.1767175