Una región de España multará con hasta 600.000 € regalar o vender merchandising con la imagen de la hoja de cannabis
La nueva Ley de protección de la salud de las personas menores y prevención de conductas adictivas que, entre otras cosas, sancionará con multas altas a quien regale o comercialice productos —lapiceras, camisetas, encendedores— con dibujos de la hoja de marihuana. La norma ha generado críticas por su enfoque punitivo.
El pasado 16 de diciembre de 2025, el Parlamento de Galicia aprobó una norma autonómica destinada a reforzar la protección de menores frente al consumo de sustancias y conductas adictivas. La nueva ley —pendiente solo de publicación en el Diario Oficial de Galicia para entrar en vigor en ~dos meses— combina medidas sobre bebidas alcohólicas, bebidas energéticas, tabaco, vapeadores y cannabis.
Entre las disposiciones más llamativas está la que define como infracción grave regalar o vender merchandising con la imagen identificativa del cannabis, como bolígrafos, mecheros o camisetas, aun fuera de la regulación de sustancias psicoactivas.
Sanciones que escalan hasta cifras impactantes
La ley crea tres categorías de infracciones con sus respectivas multas:
- Leves: desde 200 € hasta 3.005 €.
- Graves: desde 3.005 € hasta 15.025 €.
- Muy graves: desde **15.025 € hasta 601.012 €.
Regalar o vender productos con dibujos de la hoja de marihuana se considera infracción grave, con una sanción mínima de 3.000 €, que puede escalar hasta 600.000 € si la misma persona ha cometido otra infracción grave en los últimos cinco años.
Este tipo de sanciones también alcanza la publicidad o patrocinio del cannabis, especialmente si es accesible a menores de edad.
Críticas a la norma: punitiva y poco preventiva
La nueva regulación se tramitó pese a las críticas del Consejo Económico y Social (CES), que advirtió que el enfoque centrado en sanciones podría ser desproporcionado y estigmatizador, y que la ley carece de medios y concreción en materia de prevención, educación y sensibilización en salud pública.
Para el CES, medidas educativas y formativas deberían ser el eje principal de cualquier política frente al consumo o representación de sustancias, y no exclusivamente la amenaza de multas muy elevadas.
Además, partidos de la oposición en el Parlamento gallego han señalado que la ley fue tramitada “a toda prisa” y sin diálogo suficiente con actores sociales, y que podría derivar en mecanismos sancionadores que no abordan las causas estructurales del consumo y su prevención.
Un giro que toca también al cannabis
La inclusión explícita de productos con la imagen de la hoja de cannabis dentro del universo sancionable pone en evidencia cómo se está abordando —por ahora— la presencia simbólica de esta planta en la esfera pública, aún en un país donde el cannabis medicinal y el cáñamo industrial cuentan con marcos legales nacionales.
Aunque la norma no castiga el consumo ni la posesión de cannabis en sí, sí penaliza fuertemente su promoción visual, lo que ha encendido debates sobre libertad de expresión, estigmatización y coherencia normativa en torno a sustancias que, en muchos otros ámbitos, son objeto de regulación más matizada.
No digas que no pensaste esta frase: Mirá si eso pasara acá!
Si algo así llegara a implementarse en Argentina, no estaríamos discutiendo una ley, estaríamos discutiendo un retroceso cultural de décadas. Porque una norma que castiga dibujos, símbolos o imágenes no cuida la salud pública, controla el relato. No previene consumos problemáticos, castiga identidades. No educa, borra. Y cuando un Estado empieza a perseguir iconografía, deja de regular conductas para empezar a disciplinar miradas.
En Argentina, donde el cannabis medicinal ya es una realidad para miles de personas, donde existen registros oficiales como el REPROCANN, donde hay médicos, cultivadores, cooperativas, pymes, ferias, congresos y universidades trabajando con la planta, penalizar una hoja dibujada sería una contradicción obscena.
Estaríamos en el horno porque:
- pondría en riesgo a emprendimientos legales que hoy trabajan a la luz del día,
- volvería sospechosa a toda la cultura cannábica,
- habilitaría persecuciones absurdas por remeras, stickers o afiches,
- y devolvería al debate público a un lugar de miedo, silencio y estigma.
La experiencia internacional muestra algo claro: cuando se prohíben símbolos, el problema no desaparece; se vuelve clandestino, más torpe y más injusto. Nadie deja de consumir porque una hoja no esté en una vidriera. Pero muchos dejan de informarse, de acceder a espacios seguros, de hablar con médicos, de pedir ayuda.
Por suerte, la historia de esta planta enseña otra cosa. Cada vez que intentaron taparla, creció igual. Cada vez que intentaron silenciarla, brotó en otro idioma. Y cada vez que la empujaron al margen, volvió con más ciencia, más comunidad y más argumentos.
Y lo que es más importante, esto no ocurriría porque, como dijo Valeria Salech, “somos gente que habla y que trama”. En 1 hora estaríamos todas las comunidades de las provincias organizadas para salir a la calle.
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